Jovellanos y la Sociedad Económica de Sevilla

Jovellanos y la Sociedad Económica de Sevilla: cuando la Ilustración se convirtió en plan de desarrollo (1775–1778)

Documento de referencia (PDF): “Jovellanos y la Real Sociedad Económica Sevillana de Amigos del País. La forja de un ilustrado (1775–1778)”.

Si algo nos enseña la Sevilla de la Ilustración es que el desarrollo no empezó con los “planes estratégicos” modernos. En la segunda mitad del siglo XVIII, la ciudad fue laboratorio de reformas, debate intelectual y, sobre todo, de una idea poderosa: la economía no es solo dinero, es conocimiento aplicado.

En ese contexto, la Real Sociedad Económica Sevillana de Amigos del País, actuó como una auténtica “incubadora” de iniciativas: educación útil, industria local, agricultura, comercio, navegación y mejora social. Y en medio de ese ecosistema, un nombre sobresale por intensidad y método: Gaspar Melchor de Jovellanos.

Sevilla, Olavide y la “reeducación” de Jovellanos

Jovellanos llegó a Sevilla en 1768 como magistrado de la Real Audiencia. Lo relevante no es solo el cargo, sino lo que le ocurrió intelectualmente al entrar en el entorno del asistente Pablo de Olavide. Su tertulia —en el Real Alcázar— funcionaba como escuela informal de élites ilustradas: lecturas europeas, debate político y preocupación por la modernización material del país.

Ese contacto aceleró un giro decisivo: Jovellanos empezó a tratar la economía como herramienta para entender la realidad social (pobreza, delincuencia, atraso productivo) y para diseñar reformas con impacto. Es decir: economía como palanca de política pública, no como teoría de salón.

La fundación de la Sociedad Económica: de idea ilustrada a institución operativa

La Sociedad Económica sevillana se constituyó formalmente el 15 de abril de 1775, en la vivienda de los Reales Alcázares del propio Olavide. A partir de ahí se organizó en tres grandes comisiones: “Agricultura y Población”, “Artes y Oficios” e “Industria, Comercio y Navegación”. Jovellanos se integró en esta última y fue designado secretario, una posición clave: no era un socio decorativo, era parte del motor técnico.

Los estatutos no salieron “a la primera”. Hubo borradores, revisiones y choques internos. De hecho, Jovellanos llegó a pedir la baja como socio de número y pasó temporalmente a socio de mérito por el conflicto alrededor de la redacción normativa. Aun así, siguió trabajando en las comisiones, lo que dice bastante: cuando el proyecto importaba, no se marchaba; cambiaba de rol y seguía empujando.

Finalmente, la institución obtuvo su reconocimiento oficial con la aprobación definitiva de estatutos por la Corona en diciembre de 1777. Con ese respaldo, el programa de iniciativas pudo desplegarse con más ambición.

Qué hizo Jovellanos dentro de la Sociedad: economía aplicada, sin romanticismos

En los años 1775–1778, Jovellanos trabajó con un enfoque muy ilustrado: posibilismo, pragmatismo y propuestas concretas. Nada de revoluciones. Mucho de incentivos, formación, información fiable y coordinación entre instituciones.

1) La propuesta “regional”: una Sociedad Económica filial en Cádiz

Como secretario de “Industria, Comercio y Navegación”, Jovellanos centró parte de su análisis en Cádiz, por una razón económica evidente: era un nodo decisivo del comercio atlántico. Su idea fue crear en Cádiz una Sociedad Económica filial vinculada a la sevillana, capaz de aportar datos, documentos y conocimiento técnico para estudiar y mejorar comercio y navegación.

El diseño era quirúrgico: tres comisiones en Cádiz —Comercio, Navegación y Pesquerías— con un objetivo superior: compatibilizar interés particular y bien general mediante diagnóstico de problemas y propuestas aplicables por el Gobierno.

La iniciativa se movió institucionalmente (comunicación al gobernador, Casa de Contratación y cabildo), recibió buena disposición… pero no cuajó entonces. Aun así, la propuesta es reveladora: Jovellanos estaba pensando en infraestructura institucional para gestionar información económica, algo muy adelantado para su tiempo.

2) Cultivos industriales: lino y cáñamo con microfinanciación e incentivos

Otra línea de acción fue el fomento de cultivos industriales, especialmente lino y cáñamo, escasos, caros y demandados. Jovellanos presentó un plan en 1778 basado en una donación de 15.000 reales para apoyar a labradores pobres mediante reparto de semillas y anticipos.

La lógica es sorprendentemente moderna: anticipo (crédito), plazo de devolución tras cosecha, gratificación por producción limpia y, además, una cláusula de alivio ante siniestros. Se acompañó de difusión pública e instrucciones impresas para preparar la tierra. Es decir: financiación + transferencia de conocimiento. Dos pilares que hoy llamaríamos “política de desarrollo productivo”.

El resultado fue desigual y con problemas de ejecución y cobro posterior, pero la arquitectura del plan muestra el ADN ilustrado: mejorar productividad con incentivos y técnica, no con discursos.

3) Formación y excelencia: becas técnicas (y los límites del presupuesto)

Jovellanos también impulsó propuestas de formación avanzada para artesanos, incluyendo una iniciativa para que un alumno se formara en química, mineralogía y metalurgia en Europa durante varios años financiado por suscripción. La idea no prosperó, en parte por limitaciones presupuestarias y apoyo institucional irregular, pero de nuevo revela la obsesión productiva de la Ilustración: capital humano especializado.

Conclusión: Sevilla como “escuela” de Jovellanos y la economía como ciencia útil

La etapa sevillana no fue un paréntesis: fue una forja. Entre 1775 y 1778, Jovellanos no solo participó en la creación y consolidación de la Sociedad Económica; también dejó un repertorio de propuestas que hoy se leen como un manual temprano de desarrollo: instituciones para información económica, incentivos productivos, formación técnica y coordinación público-civil.

Cuando Jovellanos marchó a Madrid en 1778, lo hizo con una convicción ya consolidada: sin educación útil y sin economía aplicada, no hay reforma posible. Sevilla, en ese sentido, no solo fue un destino profesional: fue el laboratorio donde se le terminó de afilar el pensamiento.


Para ampliar (PDF): puedes consultar el documento completo aquí: “Jovellanos y la Real Sociedad Económica Sevillana de Amigos del País. La forja de un ilustrado (1775–1778)”.

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