” El arte no tiene nada que ver con el sexo de la persona artista. Aspiro a ser mirada como una compositora en lugar de ser juzgada como si hubiera un tipo de arte musical para hombres y otro para mujeres”. Rebecca Clarke
…. ¿ Sabía quién era Rebecca Clarke?… Si no la conoce, permítame esta oportunidad para presentarle, y ojalá despertar su curiosidad, por esta mujer, violista y compositora de origen inglés, que alcanzó reconocimiento internacional en su época…pero que hoy, por esa manera androcéntrica de hacer y transmitir la historia, ha quedado casi invisible en la historia de la música… Abramos ojos y oídos para conocerla….

La Historia del ser humano, el arte, quiénes hemos sido y cómo hemos evolucionado… desde el comienzo, todo ha llegado a nuestro conocimiento de una forma sesgada, incompleta de la realidad; en ocasiones, ocultando o relegando casi de forma sistemática a las mujeres a roles secundarios… Historia de hombres transmitida por hombres. Esta premisa se ha extendido durante siglos. El campo de la composición musical no ha escapado a estas dinámicas. De hecho, las mujeres compositoras “visibles”, todas tienen una historia de lucha por escapar de la sombra a la que se les quería destinar, por su condición de mujer, y más allá de su valía como músicas. Todas han vivido el proceso de creación condicionadas por su condición de mujer, circunstancia que las ha limitado, imposibilitado o dificultado no sólo el proceso creativo en sí sino también el registro y transmisión de sus obras artísticas.
El camino de construcción de una sociedad más completa, igualitaria, diversa, transita por la necesidad de recuperar mujeres creadoras y artistas, de todas las épocas y géneros. Ahí enfocamos con una luz cálida a Rebecca Clarke, no sólo por su aportación a la historia de la música gracias a sus numerosas composiciones de enorme valor para el repertorio violístico del siglo XX, sino también por sus cualidades como intérprete. Rebecca es una referente en la viola, y lo es siendo mujer.

Rebecca Clarke (1886 –1979)
Fue la primera mujer aceptada como estudiante de composición en el prestigioso Royal College of Music de Londres, especialidad que sólo podían cursar hombres hasta la fecha.

Posteriormente, Rebecca fue una de las seis mujeres contratadas por primera vez en la Queen Hall Orquestra de Londres cuyo director en aquel momento era Henry Wood. Rebecca trabajó en dicha orquesta hasta principios de la Primera Guerra Mundial.

Durante sus estudios, su condición de mujer le dificultó tener una continuidad en su formación, y los obstáculos y episodios de rechazo por parte de sus compañeros hombres fueron numerosos. Como ejemplos de esta formación itinerante a la que se vió abocada, destacamos dos episodios que ilustran su determinación por “seguir” a pesar de las dificultades: 1) en 1905 fue expulsada de la Royal Academy of Music de Londres al rechazar la propuesta de matrimonio de su profesor de armonía Percy Miles. Ella tenía 17 años. Él muchos más. 2) Siendo aceptada en el Royal College of Music de Londres, donde fue galardonada por méritos propios, su padre la expulsó abruptamente de su hogar, dejándola sin los medios necesarios para terminar su último año de estudios en dicha institución. Su delito: descubrir un affair extramarital de su padre. En sus memorias dejó plasmado este episodio triste que le marcó su vida. A partir de este acontecimiento, Rebecca decidió que tenía que “valerse” por sí misma, y comenzó su vida de intérprete con la viola. No era fácil, ni su situación social, ni el momento histórico en el que vivía le facilitaron la tarea. Ya era difícil poder “vivir de la música”, para cualquier hombre. Para una mujer, era una misión “casi imposible”. Rebecca encarna ese “casi”, gracias a su talento, su perseverancia, su energía.

Su encuentro con la Sociedad de Mujeres Músicas, en 1911, fundada por Katharine Eggar, Gertudis Eaton y Marion Scott, marca un antes y un después en su historia profesional y personal. El virtuosismo a la viola de Rebecca hizo que de forma imparable, su fama como instrumentista creciera rápido, y fue invitada en numerosas ocasiones para interpretar música de cámara en diferentes países como India, Singapur, Indonesia, China, Birmania, Japón, Hawaii, EEUU.
Durante la Primera Guerra Mundial, se mudó a los EEUU donde trabajó tocando en agrupaciones de música de cámara. También dio numerosos recitales como solista de viola, donde interpretaba obras compuestas por ella misma bajo el pseudónimo de Anthony Trent. Con ello, pretendía evitar las reticencias “persistentes” e históricas hacia obras musicales compuestas por mujeres.
Como anécdota, la propia Rebecca relata en sus memorias “The Mustard Spoon”, sorprendentemente aún no publicadas, que las obras del “Sr. Trent” recibían sistemáticamente más atención e interés que las obras que estaban firmadas con su nombre propio. Rebecca consideraba que muchas de sus obras firmadas como Sr. Trent no eran tan originales como las obras que firmaba como Rebecca.
Otro acontecimiento que ilustra su lucha artística y profesional como violista sucede en 1919, cuando participó en el Festival Internacional de Música de Cámara de Berkshire, con su Sonata para viola. En un primer momento, el jurado otorgó el primer premio a su obra. Una vez descubierto que el “compositor” era una mujer, Rebecca, cambiaron el veredicto, optando por hacer compartir dicho primer precio a dos personas: el conocido compositor Ernest Bloch y … a Rebecca. Más allá del prestigio, Rebecca no recibió nada más por dicho premio, pues la remuneración económica fue asignada en exclusiva al compositor.

Rebecca vio sólo publicadas algunas de sus obras en vida. Muchas partituras se han mantenido desconocidas. Durante sus años más activos, se relacionó con personalidades musicales importantes como James Friskin, Elisabeth Elizabeth Coolidge o Vaughan Williams, quienes valoraban no sólo su trabajo profesional sino también sus cualidades humanas, como la humildad. Cuando cumplía ya 90 años, la radio WQXR de Nueva York difundió parte de sus obras como un tributo a su trabajo, lo que afortunadamente supuso un nuevo impulso a su obra como compositora.
Rebecca, mujer, violista, compositora, música… fue y es, estuvo y está… su huella musical perdura y perdurará en todas las personas que nos acercamos a su obra musical y a su vida con curiosidad, entusiasmo, reconocimiento y admiración.
Esperanza Mohedo Pérez

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