REAL SOCIEDAD ECONÓMICA DE AMIGOS DEL PAÍS

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Aunque la vicisitudes han sido enormes y han puesto en jaque más de una vez su supervivencia, la Real Sociedad Económica Sevillana de Amigos del País ya ha celebrado en el año 2000 su 225 aniversario. Y lo hizo con lo que es propio de su espíritu ilustrado: un congreso internacional al que esta previsto que asistan cuatrocientos expertos de todo el mundo y cuya Presidencia de Honor ha aceptado el Rey.
Sevilla, tiene además, la suerte de contar con una mujer, una profesora de su Universidad, que dedicó su tesis doctoral, leída hace diez años, a la labor pedagógica de esta institución. Consuelo Calderón España, profesara del Departamento de Teoría e Historia de la Educación, es el «alma mater» de este congreso, además de integrante de la junta directiva de la Real Sociedad Sevillana, una de las diecisiete que sobreviven activamente (cuando los franceses invadieron España había casi cien). Arte contemporáneo, agresividad, «valores transversales» de la Logse o afectividad son algunos de los temas abordados por este centro cultural recientemente. En su haber se encuentra, así mismo, un congreso sobre educación y medios de comunicación.
Alrededor de un centenar de socios, presididos por el abogado Manuel Hoyuela Jiménez, dan vida a esta organización, que tiene su sede en la calle Jesús de la Vera Cruz.
Consuelo Calderón es la única mujer presente en la junta directiva, pero tiene conciencia de «no ser una figura decorativa».
La mujer ha estado siempre entre los destinatarios primordiales de estas sociedades, de lo que da fe la fundación, en 1778, de la escuela de hilados, que durante veinticinco años y dio lugar a la creación de fábricas textiles. Algunos mujeres acudían desde Aracena. En los pueblos, se extendieron las escuelas de costura o «escuelas amigas». Como muchas alumnas pedían que se les enseñara a leer y a escribir, nacieron las escuelas de primeras letras para niñas. Si al principio se trataba de niñas pobres, pronto pidieron lo mismo los padres de niñas pudientes.
No piensa que el espíritu ilustrado siga determinando el pensamiento de las sociedades económicas, porque «no se puede vivir con la mentalidad del XVIII». Pero la inmensa aportación de las sociedades económicas al mundo de la educación, en una época desprovista de un sistema educativo ordenado -la Ley Moyano no entraría en vigor hasta 1857-, brilla con luz propia a lo largo de estos 225 anos. Con un cariz eminentemente práctico, se impartían enseñanzas cuya diversidad llama, aún hoy, la atención.

Pablo de Olavide, asistente de la Audiencia de Sevilla, dio cobijo en su vivienda del Alcázar a las tertulias ilustradas que serían promotoras de la Sociedad Patriótica


La Sociedad contó con un jardín de aclimatación, en su sede de la calle Rioja, donde estuvo hasta los años sesenta de este siglo. En él se aprendía agricultura. A ello se añadían las matemáticas, los idiomas modernos, el latín, el dibujo, la economía política, el comercio (embrión de la Escuela de Comercio), Música y Declamación (origen del Conservatorio), Mecánica y delineación, Taquigrafía…

Manuel María del Mármol fundó la Escuela de Enseñanza Mutua, un original sistema docente que permitía asignar hasta cuatrocientos alumnos a cada profesor. «Era una enseñanza en escalera -apostilla Consuelo Calderón-: el maestro ensenaba a un grupo, y éste a otros.» Sevilla fue la quinta ciudad española en solicitar la creación de una Sociedad Económica de Amigos de País.

Con el tiempo, su influencia fue mucha; tanta que era una de las cinco cabeceras designadas para agrupar a las sociedades en la elección de los cinco senadores que les reservaba la Ley. De las 98 sociedades cuya autorización fue solicitada al Consejo de Castilla entre 1765 y 1808, 32 fueron andaluzas. La historia de las sociedades tiene su arranque en el «Discurso sobre el fomento de la industria popular», circular que Campomanes, fiscal del Consejo de Castilla, envió el 18 de noviembre de 1774 a todas las autoridades locales, ordenando la creación de Reales Sociedades Económicas a imagen y semejanza de la ya erigida en las provincias vascongadas. «Desterrar la ociosidad y promover la industria popular y común de las gentes», así como estudiar y propagar las «reflexiones científicas» en cuanto a la agricultura, la cría de ganados, la pesca, las fábricas, el comercio y la navegación serán los fines fundamentales. Se promovía la igualdad y se aconsejaba que se consultase a los párrocos, por su conocimiento de la gente. Treinta mil ejemplares de esta circular recorrieron todos los rincones de España.
En 1775, Campomanes volvió a la carga con su «Discurso sobre la educación popular de artesanos y su fomento». Esta vez, la fuente de información debían ser los gremios. La idea del premio está presente desde estos momentos iniciales en la vida de las sociedades.
Sevilla solicita la aprobación de sus estatutos el 15 de abril de 1775. Esta es la fecha clave, en la que celebran la primera sesión los miembros de la tertulia ilustrada que se reunía en el Alcázar bajo los auspicios del Asistente Olavide, quien tenia allí su residencia. El gran ilustrado había hecho del palacio real hispalense un hervidero de ideas nuevas.

Gaspar Melchor de Jovellanos, muy joven entonces, aportó sus ideas ilustradas a la etapa inicias de la Sociedad

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El mismo Jovellanos, todavía muy joven, era habitual de las reuniones, junta a Luis de Aguirre (introductor de textos franceses), Francisco Bruna (oidor de la Real Audiencia), el marqués de Valle hermoso, el conde del Águila (colgado el 2 de mayo de 1808 por afrancesado y siendo director de la Sociedad), o Martín de Ulloa.
El salón Colón del Alcázar albergaba este cenáculo elitista cuando el Ayuntamiento recibió la obra de Campomanes junto a una carta-orden del gobernador del Consejo de Castilla encargando el fomento de cuanto en ella se contenía. La Económica de Sevilla llevó al principio, como sus homólogas, el nombre de Sociedad Patriótica.
Olavide presidió el acto fundacional, en el Alcázar, poco tiempo antes de ser llamado por el Tribunal del Santo Oficio a Madrid para dar cuentas de las acusaciones que pesaban sobre él y que le supusieron la prisión. El interés de los socios por empezar a trabajar era grande. El 26 de junio comenzaban las actividades de las cuatro comisiones: Agricultura, Ciencias y Artes, Industria y Comercio y Navegación.
Los estatutos fueron aprobados el 16 de diciembre de 1777, suponiendo un gran incremento de socios «de todas las clases más distinguidas, empleadas, pudientes y de conocimiento de que consta esta población». Los socios promovieron el cultivo del lino, el algodón y el cáñamo, enseñaron a usar la manganilla y otras tierras y abonos, como estiércol, cenizas, sal, conchas de mar y residuos vegetales. Investigaban con la apicultura, la cochinilla y el plantío de moreras. Jovellanos donó 15.000 reales «para mitigar la situación de los labradores». Pero no quedaba ahí la cosa. Los amigos del país estudiaron el cultivo del trigo, la cebada, la avena o el arroz, el plantío del Eucaliptus, el olivar y la viña, la cría del ganado caballar, vacuno y cerdal, y el repartimiento de tierras para el sustento de un mayor numero de familias. Se crearon las ya citadas escuelas de lino, amén de otras de hilanza de algodón, estambre y sederías. Se implantaron adelantos en la fabricación de bayeta, en la curtiduría y en la tintorería. El gremio de esparteros pidió ayuda para enseñar su arte a los presos de las dos cárceles sevillanas. La Sociedad les facilitó 4.000 reales de vellón.

la mujer siempre ha estado entre los destinatarios primordiales de estas sociedades, de lo que da fe la fundación, en 1778, de la Escuela de Hilados. que duró 25 años y dio lugar a la creación de fábricas textiles.


Tras un largo periodo de inactividad, la Sociedad Económica de Amigos del País recupera su pulso en 1814, gracias a Manuel; Maria del Mármol y Félix Reinoso, pero durante el resto del Siglo XIX su andadura va a estar profundamente marcada por los vaivenes políticos. La Desamortización supuso para la Sociedad su primera sede estable, en el ex convento de la Merced. Hasta entonces había fluctuado entre el Alcázar y la sala capitular del Ayuntamiento.
Comparte edificio con el Museo Provincial de Pinturas hasta mayo de 1840, ocupando desde entonces el que había sido convento del Ángel, en la calle Rioja.


Buena parte del primer cuadro de profesores que tuvo Sevilla procedía de la Sociedad que, con la ayuda de Alberto Lista, había procurado su creación. La Sociedad impulsó un Banco Agrícola, y en 1850 envió a la Reina un informe titulado «Situación de los latifundios y su abandono por los propietarios». Los hospicios y la beneficencia ocuparon un lugar similar al ferrocarril en el orden de prioridades de la Sociedad, que fue una adelantada en la recogida de información social (por ejemplo, demografía), tan útil para el progreso, Pese a la relativa decadencia que experimenta la Sociedad durante el último tercio del siglo XIX, influyó decisivamente en la presencia de Sevilla en la Exposición Universal de París (1867).

LOS CUARENTA FUNDADORES

La Real Sociedad Económica Sevillana de Amigos del País reformó por última vez sus estatutos en 1993. Está inscrita en el censo de asociaciones y está catalogando los fondos de su archivo y de su biblioteca. Esta cuenta con unos veinticinco mil volúmenes. A finales del siglo pasado eran seis mil.
Los títulos nobiliarios, los miembros de las órdenes militares y los parientes de familias ilustres de la ciudad formaban más de la mitad de los socios fundadores de la Sociedad Patriótica.
Campomanes había pedido que en las ciudades con academias fueran los miembros de éstas quienes engrosaran en un primer momento las filas de las sociedades. Iglesia y Ejército estaban bien representados, lo que no ocurría en el caso de la burguesía.

Estas son las cuarenta personas que hace doscientos veinticinco altos fundaron la Económica de Sevilla: José Bucarelli y Ursa Lasso de la Vega, marqués de Vallermoso, miembro de la Real Sociedad Bascongada y contertulio de Olavide; Martín de Ulloa y la Torre, caballero de Santiago, oidor de la Real Audiencia, académico de la de Buenas Letras y contertulio de Olavide; Ignacio Luis de Aguirre, alcalde del Crimen de la Real Audiencia, miembro de la Sociedad Bascongada y contertulio de Olavide; Francisco Fernández de la Peña Ramírez de Guzmán, veinticuatro de Sevilla; Francisco de la Barreda Benavides; Fernando López Pintado, marqués de Torreblanca, teniente de alguacil mayor de Sevilla; Miguel de Espinosa Tello de Guzmán, conde del Anguila, marqués de Paradas y de la Sauceda, caballero de Santiago y provincial de la Santa Hermandad de Sevilla y contertulio de Olavide; José Solano García de Laredo, caballero jurado de Sevilla; Andrés de Madariaga y Bucarelli Ramírez de Ursía, marqués de las Torres, hermano mayor de la Real Maestranza de Caballería de Sevilla y miembro de la Real Sociedad Bascongada; Joaquín Arias de Saavedra Ramírez de Arellano, marqués de Moscoso; Pedro Manuel de Céspedes, canónigo de la Santa Iglesia Catedral y rector en 1771 de la Universidad; Ignacio Cevallos, arcediano de Niebla y canónigo de Sevilla; Marcelo Doye y Pelarte, canónigo magistral de Sevilla; Juan Elías de Castilla Cansino y Guzmán, comendador de la Orden de San Juan; Francisco de Bruna y Ahumada, caballero de Calatrava, Oidor de la Audiencia, académico de la de Buenas Letras y contertulio de Olavide; Gaspar Melchor de Jovellanos y Ramírez, oidor de la misma Audiencia y contertulio de Olavide; Luis Ortiz de Zúñiga, marqués de Montefuerte, conde de Lebrija; Juan Bautista de Madariaga y Galindo, conde de Casa Galindo, miembro de la Real Sociedad Bascongada; Juan José de Clarebout y Céspedes; Francisco Antonio Domezáin, contador del Ejército de Andalucía y contertulio de Olavide; Francisco Javier de Larumbe, comisario de Guerra; Juan Maria de Castilla y Valenzuela, marqués de Caltójar y contertulio de Olavide; Francisco Manuel de Céspedes y Espinosa, marqués de Villafranca y Carrión; Tomás de Guzmán y Jácome, caballero de la Orden de Calatrava, veinticuatro de Sevilla y contertulio de Olavide; Miguel Maestre y Fuentes, caballero de San Juan y contertulio de Olavide; Nicolás del Campo Rodríguez de Varillas, marqués de Loreto; Benito del Campo Rodríguez de las Varillas, veinticuatro de Sevilla; José González Távera, racionero de la Catedral; José Datoli, brigadier de los reales Ejércitos; Pedro de Carmona, administrador de Rentas Provinciales de Sevilla y miembro de la real Sociedad Bascongada; Vicente Carrasco, superintendente de las Reales Fábricas de Sevilla; Antonio José de Herrera y Morón; Bartolomé Romero González, doctor en Sagrados Cánones y académico de la de Buenas Letras; Sebastian Antonio de Cortes, doctor en Derecho y académico de la de Buenas Letras; José Eusebio Cotila, comerciante; José Rubín de Calis, comerciante; Manuel Prudencio Molviedro, comerciante, Ignacio de Aguirre Sarazúa, comerciante y miembro de la Real Sociedad Bascongada; Bonifacio Ximénez de Lorite, vicepresidente de la Sociedad Médica; e Isidro de la Hoz y Pacheco, alcalde del Crimen de la Audiencia.

GRUPOS DE ALUMNOS DE LOS CURSOS QUE IMPARTÍA LA REAL SOCIEDAD ECONÓMICA DE AMIGOS DEL PAÍS

La Real Sociedad Económica Sevillana de Amigos del País reformó por última vez sus Estatutos en 1993. Está inscrita en el censo de asociaciones y está catalogando los fondos de su archivo y de su biblioteca.

Fuente: Ángel Pérez Guerra. Los Domingos de ABC. 22-10-2000

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