Los Montpensier y la Real Sociedad Económica Sevillana de Amigos del País 1ª parte

Introducción

«Todos los males de la Patria provenían del matrimonio de la Reina. Habría sido más acertado casarla con Montpensier, que era un gran príncipe, un político de talento y el hombre más ordenado y administrativo que teníamos en las Españas. Todas las cuentas de su caudal y hacienda las llevaba por Debe y Haber. No dejaba salir nada para vanidades o cosas superfluas y metía en casa todo lo que representaba utilidad.»

Benito Pérez Galdós, La de los tristes destinos. Episodios Nacionales 40.

duque-montpensier
Retrato de los duques de Montpensier. J. Laurent. Fototeca de la Fundación Infantes Duques de Montpensier

Este artículo pretende reivindicar la figura de unos duques cuya gestión económica, política, social y cultural en la capital andaluza supuso un punto de inflexión en la ciudad. La importancia de la presencia en Sevilla de Don Antonio María Felipe Luis de Orleáns y María Luisa Fernanda de Borbón y Borbón Dos Sicilias no reside solo en simples halagos, sino también en hechos. Comúnmente se ha descrito a nuestros protagonistas como fríos, calculadores, ambiciosos y conspiradores contra el reinado de Isabel II (1833 – 1868). Su poco o nulo reconocimiento actual hace pensar que han quedado algo desfiguradas por diversos aspectos históricos que deberían ser estudiados en mayor profundidad, cayendo en el olvido junto a tantos grandes ilustres

sevillanos y sevillanas (Crf. Don José de Velilla)

Don Antonio de Orleans, último de los nueve hijos de Luís Felipe de Orleans, rey de Francia (1830-1848), nació en 1824, ostentó el título de Duque de Montpensier, tuvo una rica formación artística, literaria y militar. Contó con el apoyo del pintor Ary Scheffer y su preceptor Antoine de Latour, quien le introdujo en el Romanticismo y en el gusto por el Orientalismo. Juntos realizaron un largo viaje por El Cairo, Alejandría, Constantinopla y Atenas, formándose así un gusto tradicional, a la vez que moderno, que trasladaría posteriormente a su futura corte sevillana.

Cabe mencionar que quizá Doña Mª Luisa Fernanda es la gran ausente en la historiografía. Segunda y última hija de Fernando VII y María Cristina de Borbón nació en 1832. Fue infanta de España. A pesar de su interesante figura, permaneció a la sombra de su hermana, Isabel II, y de su marido, Don Antonio de Orleans. Ha pasado a la historia de ilustres sevillanos como una persona bondadosa, compasiva y misericordiosa, partícipe de diversas labores humanitarias y siendo su gran legado ceder a la ciudad el mayor tesoro botánico de la ciudad de Sevilla: el Parque de Mª Luisa.

El 10 de octubre de 1846 se celebraron simultáneamente las bodas reales de la corona española, en las que Isabel II fue casada con su primo, Francisco de Asís, mientras que la Infanta Luisa Fernanda fue casada con Don Antonio de Orleans, quien originariamente fue aspirante a la mano de la reina. Sin duda hubo poderosos intereses en juego, tanto nacionales como europeos, evitando engrosar así el poder del reino francés. Sin embargo, la tensión creada entorno al joven matrimonio Montpensier fue tal que se exiliaron en París a la espera de que la situación se normalizara.

Dos años más tarde, tuvo lugar la Revolución francesa de 1848, una insurrección popular que obligó a abdicar al rey Luís Felipe I de Francia y al exilio de toda su familia, dando paso a la Segunda República Francesa. Tras cortas estancias en Inglaterra, los Duques de Montpensier volvieron a España en abril de ese mismo año, hospedándose lejos de la Corte madrileña, en Barcelona. Posteriormente, fueron huéspedes del Arzobispo de Sevilla, donde regresaron en mayo de 1848, fijando su residencia temporal en el Alcázar hispalense, mientras trascurrían las obras de la antigua Universidad de Mareantes de San Telmo y sus huertas colindantes, solar con gran potencial que los duques supieron valorar y convertir en su pequeña corte andaluza.

Una vez presentados nuestros protagonistas, es necesario comprender el caótico contexto histórico en que se vieron envueltos, tanto nacional, como localmente, remontándonos así hasta la primera mitad del siglo XIX.

Situamos a los personajes en su contexto histórico

Durante el periodo comprendido entre la muerte del monarca Fernando VII (1833) y el destrono de Isabel II (1868) se establecen las bases económicas y políticas del nuevo régimen. En lo económico, este periodo significó la implantación del capitalismo en España; en lo político se configuró un nuevo régimen definido por un doble sistema de participación colectiva, muy restringido, limitado por unas elecciones censitarias controladas por el poder central junto a un sistema de poder basado en la Corona, el ejército y los partidos políticos.

El desarrollo cronológico de la época, en la primera mitad del siglo XIX, no deja lugar a dudas sobre el intenso oleaje de una sociedad en plena tensión explosiva:

  • 1812: La Constitución Política de la Monarquía Española, más conocida como «la Pepa», fue promulgada por las Cortes Generales españolas reunidas extraordinariamente en Cádiz el 19 de marzo de 1812.
  • 1820: da comienzo el Trienio Constitucional.
  • 1823-1833: «La década ominosa», régimen absolutista. El ejército francés y sus Cien Mil Hijos de San Luis, al frente del Duque de Angulema, llegan para restablecer el orden monárquico en el país.
  • 1833: Muere Fernando VII. Isabel II es declarada heredera al trono, siendo regentado por su madre, María Cristina. Año especialmente marcado por la epidemia de cólera.
  • 1835: Tumultos populares reivindican el restablecimiento de la constitución de 1812.
  • 1841: Regencia del General Baldomero Espartero, en sustitución de la reina María Cristina, viuda de Fernando VII.
  • 1843: Sublevación popular contra Espartero. Mientras, Sevilla es bombardeada por el General Van Halen. Finalmente, el 10 de noviembre Isabel II, con la edad de 13 años, jura su acceso al trono.
  • 1845: una gran riada del Guadalquivir destruye cosechas enteras y provocan a su vez hambre y carestía. Se producen agitaciones campesinas.
  • 1847: tiene lugar un gran terremoto en el sur de España. Esto provocó que masas enfurecidas asaltasen el Ayuntamiento de Sevilla exigiendo pan.

Como se puede advertir, dentro del evidente caos del estado Español durante la primera mitad del siglo XIX, Sevilla se llevó la peor parte. Tras la Guerra de la Independencia, la posguerra resultó ser peor: riadas, terremotos, huracanes y diversas epidemias afectaron a la ciudad hispalense, mientras, la pobreza y el hambre arrasaba con todos los cimientos construidos tras siglos de historia.

La ciudad presentaba un aspecto miserable, fruto de la bancarrota municipal y el saqueo patrimonial. Así, sin ningún plan de contención, convulsa y agotada, Sevilla pareció perder toda su hegemonía social, quedando sus tradiciones, celebraciones y vida social al margen ante la situación de crisis extrema. En esta situción se vió nacer a un nuevo tipo de turista atraído por su aspecto ruinoso, pero a la vez romántico: el comprador de obras de arte y antiguedades, popularizando así una visión costumbrista de Andalucía que perdura en la actualidad.

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Fig. 2. En la feria de Sevilla. 1855. Cabral Bejarano, Manuel

A pesar de ello, la ciudad poco a poco se fue restableciendo de los quebrantos económicos que la invasión francesa dejó en el país y, ya en plena desamortización, se iniciaron incluso aventuras industriales; ejemplo de ello fue el establecimiento de diversos centros industriales, como la Fábrica de loza de la Cartuja, instalada por Charles Pickman, «número 84 de socio de Mérito de la Real Sociedad Económica Sevillana Amigos del País en fecha 30 de mayo de 1842», en lo que había sido el Monasterio cartujo de Santa Mª de las Cuevas. A ello habría que añadir otras instalaciones, como la Fundación de Hierro de Narciso Bonaplata , «número 86 de socio de Mérito de la Real Sociedad Económica Sevillana Amigos del País» en el Barrio de San Antonio, o la Fábrica de Gas en los terrenos «Campo de Marte», hoy conocido como Plaza de Armas.

También se reactivó la fisonomía de la ciudad, ejemplo de ello fueron obras públicas como el Puente de Hierro, cuya primera piedra se colocó en 1845, y la Feria de Ganado patentada en 1847 por Narciso Bonaplata y José María Ybarra.

Dicha Feria de Ganado evolucionará hasta ser considerada en la actualidad una de los principales atractivos turístico de la ciudad: la Feria de Abril. La propuesta original buscaba el estímulo de la agricultura y la ganadería, por lo que en el trascurso de los días 19, 20 y 21 de abril de cada año, se establecieron una serie de premios en metálico para los mejores productores ganaderos, sobre todo se buscaba que surgiesen «escuelas prácticas de agricultura y cortijos donde se ensayasen y aplicasen los buenos inventos de otros países.

Anotaciones

1 Joaquín Bécquer. Título de Socio de Mérito el 28 de mayo de 1838, entregando copia de un retrato del célebre pintor Van Dyck. Archivo RSESAP. Junta pública del 30 de mayo de 1838. Libro de actas pergamino 1836-42. Pág. 166.

2 Licenciado en Jurisprudencia (1848) por la Universidad Hispalense, periodista, historiador, secretario del alcalde, crítico taurino, publicista y escritor púbico. Anales de Sevilla desde 1800 a 1850. Colección Clásicos Sevillanos. Sevilla 1994, pp.674ss.

3 Archivo RSESAP caja 154.

4 Antonio Cabral Bejarano, pintor romántico y costumbrista, socio de Mérito en RSESAP. Libro de Socios Junta Pública del 30 de mayo de 1838.Libro de actas pergamino 1836-42

5 Gabriel Astorga y Miranda, fue un escultor español especializado en imaginería religiosa. Era hijo de Juan de Astorga.

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